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Linfoma T cutáneo: el diagnóstico precoz es crucial

Linfoma T cutáneo: el diagnóstico precoz es crucial
09 Ago
2021

Las fases iniciales se parecen mucho a las de otras enfermedades y el retraso en el diagnóstico impide que los pacientes se traten adecuadamente. ¿Cómo reconocer y tratar esta afección?

El linfoma cutáneo de células T (CTCL) es un tipo de cáncer poco frecuente que comienza en los glóbulos blancos llamados linfocitos T. Estas células normalmente ayudan al sistema inmunitario del cuerpo a luchar contra los gérmenes. En este tipo de linfoma, los linfocitos T desarrollan alteraciones que los hacen atacar la piel, pero pueden afectar de forma secundaria a la sangre, los ganglios linfáticos y las vísceras. Los CTCL son una forma rara, grave y potencialmente mortal de linfomas no Hodgkin. Constituyen el 2% de todos los linfomas y es el segundo grupo más frecuente de linfomas no Hodgkin extraganglionares. La CTLC suele afectar mayoritariamente a personas de sexo masculino y edad entre 50 y 60 años. La incidencia es de 4 casos por millón de habitantes por año.


Hay dos tipos de linfomas cutáneos: los de tipo T (CTCL) y los de tipo B. Los primeros representan un 75% del total de casos, dentro de los cuales el 50% pertenece al subtipo Micosis Fungoide (MF) y el 25% restante al subtipo Síndrome de Sézary (SS). Los del subtipo MF se localizan y mantienen en la piel, son de curso indolente y las lesiones son persistentes. Los del subtipo SS representan un compromiso de tipo leucémico, con menor potencial de remisión y menor expectativa de vida.


El CTLC suele presentar signos como: manchas redondas en la piel que pueden estar elevadas o ser escamosas, manchas más claras que la piel que la rodea, protuberancias que se forman en el tejido cutáneo, agrandamiento de los ganglios linfáticos, pérdida del cabello, engrosamiento de la piel de la palma de las manos y de la planta de los pies y picazón intenso.


Las pruebas y los procedimientos que se utilizan para el diagnóstico de CTCL comprenden los siguientes:
● Exploración física para detectar manchas, regiones escamosas o sólidas y crecimientos en relieve, así como también el aumento de tamaño de los ganglios linfáticos u otros órganos.
● Análisis de sangre para comprender mejor la afección.
● Biopsias de piel.
● Pruebas de diagnóstico por imágenes para observar si las células cancerosas se propagaron a otras partes del cuerpo.


No existe un único tratamiento; la elección de una u otra terapia depende de los síntomas particulares que presente la enfermedad en cada caso y la extensión o la etapa del linfoma. La mayoría de las personas reciben una combinación de tratamientos. Entre ellos se encuentran: cremas y ungüentos para la piel, fototerapia, radioterapia, medicamentos, exposición de las células sanguíneas a la luz y trasplante de médula ósea.


Por la Dra. Sofía Burgos
Asesora Médica de la Asociación Civil Linfomas, Mielodisplasias y Mielofibrosis de Argentina (ACLA)
M.N. 147.448


Desde ACLA, en el marco de nuestra campaña de concientización permanente “Los linfomas no se tomas vacaciones”, continuamos brindando información y acompañamiento a los pacientes agrupados a nuestra asociación. Para mayor información sobre los linfomas T cutáneos y otras afecciones relacionadas, los invitamos a visitar nuestra página web www.linfomasargentina.org.


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