Norte en Línea - Día Internacional de los Derechos de los Animales

Día Internacional de los Derechos de los Animales

Día Internacional de los Derechos de los Animales
10 Dic
2020

¿Por qué a algunas especies las acogemos como parte de la familia y las respetamos y a otras no?

Uno de los interrogantes más usuales que se presentan al momento de reflexionar sobre el veganismo y sobre nuestra relación con los animales no humanos es si estos tienen la capacidad de sentir. Los animales que son explotados por la industria ganadera y otras industrias de producción de alimento tienen un sistema nervioso central, así como receptores de dolor, por lo que son capaces de tener un rango muy amplio de emociones, de percepciones, de sentimientos y de conductas. Al igual que los animales humanos, también tienen intereses: sobrevivir, no estar encerrados ni confinados y satisfacer sus necesidades básicas. No considerar la capacidad que tienen los animales de sufrir, de sentir dolor, así como de vivir experiencias placenteras y positivas, y de crear vínculos afectivos con otros animales, implica incurrir en una discriminación por especie, es decir, en especismo. Así como podemos identificar que discriminar a otra persona por su género, por su nacionalidad o por su orientación sexual es inaceptable, el antiespecismo entiende que la especie a la que un ser sintiente pertenece no es relevante al momento de considerarlo moralmente.


El especismo es una discriminación muy arraigada en nuestra cultura y en la sociedad a nivel mundial. Hemos aprendido a ver a otros animales como objetos de consumo, de entretenimiento e incluso de vestimenta. Sin embargo, mantenemos vínculos muy estrechos con animales de compañía, como perros y gatos, a quienes consideramos parte de nuestra familia, y nos horroriza descubrir que en otras culturas se consuma carne de perro, como en China, en donde anualmente se festeja el Festival de Yulin. Pero, ¿cuál es la diferencia entre nuestro gato y el pollo que compramos en el supermercado? La realidad es que no existe diferencia alguna en cuanto a la capacidad de sentir, por lo cual tampoco debería haber diferencia en el trato que reciben al momento de relacionarnos con ellos. Entonces, ¿por qué amamos a unos y comemos a otros? En su libro “Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas”, Melanie Joy, Doctora en Psicología Social, explica que queremos al gato y nos comemos al pollo, no porque sean muy distintos, ya que ambos tienen emociones, preferencias y conciencia, sino porque “la percepción que tenemos de ellos es distinta y, por lo tanto, la percepción que tenemos de su carne también es distinta”. Cuando vemos a un gato, un animal al que hemos clasificado como no comestible, sentimos asco, rechazo o lástima ante la idea de comerlo. Cuando vemos a un pollo en la góndola del supermercado, un animal como el gato, pero al que hemos interiorizado como de consumo, nos resulta normal y hasta necesario comerlo. Las percepciones que tenemos sobre los distintos animales responden a la estructura psicológica que modela nuestras creencias, ideas y experiencias, y que organiza e interpreta la información que recibimos. Para derribar esta disonancia cognitiva que nos lleva a amar a un animal pero cosificar a otro, basta con cuestionar la percepción que hemos adquirido culturalmente, y repensar nuestro esquema mental en relación a los demás animales. Esta reestructuración nos lleva, indefectiblemente, a adoptar al veganismo como un estilo de vida en el que comenzaremos a percibir a todos los animales de la misma manera en que percibimos a los perros y a los gatos, dejándolos fuera no sólo de nuestra alimentación, sino de todas las prácticas que impliquen considerarlos de forma inferior.


Algunas de estas prácticas que también hemos internalizado son aquellas que constituyen un entretenimiento para el ser humano, como zoológicos, acuarios y la práctica de la tauromaquia. Estas actividades lejos están de ser recreativas para los animales, ya que pasan sus vidas confinados y explotados, a menudo de formas muy crueles, en espacios reducidos y en soledad, alejados de otros animales de su propia especie y de su hábitat natural. Basta con ponernos por un momento en el lugar de estos animales para comprender que son vidas cargadas de sufrimiento. Es momento de preguntarnos por qué continuamos sosteniendo estas prácticas, a costa de qué lo hacemos, y responder si los animales merecen este trato de nuestra parte, seres a quienes tenemos la capacidad de admirar, amar, con quienes jugamos, empatizamos, y compartimos el planeta. Es momento de preguntarnos por qué mantenemos esta supremacía injustificable sobre sus vidas, y derribar de una vez por todas estas prácticas desiguales que los oprimen, para así liberarlos, y al mismo tiempo, liberarnos a nosotras mismas.


Por Jacqueline Guzmán, gerenta de Campañas de Million Dollar Vegan en Argentina.

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