“Después de que me operé no me podía ni atar los cordones”

Marisa Rivas es empleada administrativa en Tandil, en un año logró gracias a su esfuerzo, al “arduo” trabajo de la kinesióloga y a los efectos de la natación terapéutica, volver a su vida habitual después de una operación de cadera.

“Llegue a la pileta tres meses después de que me hayan operado de cadera” relata Marisa quien a su vez había llegado al quirófano a sus 49 años cuando una displasia congénita la dejó prácticamente con las piernas inmovilizadas sin poder caminar.


Su caso es paradigmático ya que en el post-operatorio recibió diferentes opiniones de como volver a ser “la de antes” pero nadie le daba en la tecla, hasta que un traumatólogo le sugirió la rehabilitación acuática. Marisa cuenta que nunca había hecho deportes en su vida porque no le gustaban, hasta odiaba el agua “ni siquiera sé nadar” acotó. Pero esta circunstancia era apremiante “después que me operé no me podía ni atar los cordones, no lograba caminar una cuadra con continuidad, había cambiado un dolor por otro, le decía al médico”.


Cuando Marisa llegó a la pileta, fue recibida por Mariana Bustos Rife, entrenadora de natación, Kinesióloga integrante del Colegio de Kinesiólogos de la Provincia de Buenos Aires. Al hacerle la evaluación Mariana le dijo “vos sos un gran desafío para mi” y enseguida le designó los días para iniciar con el trabajo de recuperación.


“Las primeras sesiones realizaba secuencias de marcha, ejercicios adaptados durante una hora en una pileta en la que hacía pie, me fueron enseñando a flotar de a poco y termine nadando en una pile de 25 mts sin detenerme haciendo ejercicios para mis caderas en profundidad. Mariana con sus manos me hacía kinesiología desde el cuello hasta la punta de los pies. Estaba toda contracturada. De a poco logré que me aflojara, logré tener confianza. Todo el equipo de trabajo me expresaba que lo mío también era psicológico, vos tenes que cambiar el chip para poder avanzar, me decían”.


El trabajo de hidrocinesioterapia (ejercicios adaptados y terapia manual en el medio acuático con fines terapéuticos) en afecciones de cadera requiere de un programa específico. Consiste en una primera etapa, en aliviar el dolor a través del uso de las propiedades del agua favoreciendo la relajación, la descompresión articular y la activación circulatoria. Continua con el proceso de re-aprendizaje de la marcha con desplazamientos variados, se facilita a través de la flotación y uso de elementos la recuperación de la movilidad, se permite mejorar y mantener el equilibrio y se integra la corrección postural a través de ejercicios para la columna adecuados a la problemática específica. En todas las sesiones se realiza terapia manual colocando al paciente en distintas posiciones según el objetivo en cada sesión.


Cuando se trata del reemplazo de una cadera por una prótesis también se trabaja en diferentes profundidades para entrenar la ubicación del centro de gravedad, adaptarse a diferentes pesos y permitir que la persona pueda concentrarse en la alineación de su cuerpo y registro de su “cadera nueva”, que aprenda a reconocer los apoyos y pueda empezar a desplazarse sin temor, ni riesgo de caída, ganando confianza. La posibilidad de la flotación (vertical u horizontal) y la exposición a la presión hidrostática favorecen notablemente todo este proceso. Para estos fines la kinesiología en el agua es un recurso muy eficaz y complementario a la kinesiología convencional.


Desde la regional VIII del CoKiBa que abarca Tandil, Saladillo, Bolivar, Las Flores, Olavarría y otros partidos aledaños, sostienen que la evolución del paciente que realiza rehabilitación en la pileta se determina por su constancia, su relación y adaptación al medio acuático,la planificación de un protocolo especifico para cada paciente y la superación de sus obstáculos, tanto físicos como emocionales. Es fundamental además que sea dirigida por un profesional especializado ya que no es una gimnasia acuática sino un tratamiento terapéutico, donde es importante conocer el alcance de la cirugía, los tiempos acordados con el medico, sus contraindicaciones y la evolución en las sesiones acuáticas, siendo riesgosa y limitada su recuperación sino se conocen los riesgos de un post operatorio como en este caso.


“Fueron meses de un arduo trabajo, no falté a ninguna clase, pero creo que si no lo hubiese hecho, sino hubiera ido a la pileta y no me hubieran ayudado las dos kinesiólogas que estuvieron conmigo, no lo hubiera logrado. Pase de tener que pensar, desde que me levantaba hasta que me acostaba, cómo iba a dar cada uno de los pasos, vivía a antinflamatorios todos los días hasta hoy que puedo caminar totalmente normal sin problemas”, asegura Marisa que confiesa que al final la atrapó el agua y que descubrió un mundo nuevo donde podía moverse libremente.

Etiquetado como

Deja un comentario