El 2018 como aprendizaje

Todo inicio de año nos ofrece la oportunidad de analizar lo que vivimos en los doce meses que pasaron, para aprender de nuestros aciertos y errores, y para evaluar dónde estamos y hacia dónde queremos ir.

El 2018 fue un año difícil para la industria argentina: la inestabilidad macroeconómica, la falta de financiamiento, la caída en el consumo interno y la falta de reformas profundas pusieron en aprietos a las PYMES, y muchas debieron cerrar sus puertas.

No es la primera vez que Argentina atraviesa este tipo de tormentas, que obedecen a muchas causas pero han tenido un histórico denominador común: la falta de ingreso de dólares genuinos en nuestra economía.

Digámoslo con toda claridad: el país no genera la cantidad de dólares necesaria para desarrollarse, mejorar su salud, su educación, su infraestructura o combatir eficazmente la pobreza.

En lugar de reconocer (y atacar) este problema, durante los últimos 40 años hemos preferido maquillarlo mediante la emisión monetaria y la colocación de deuda, dos caminos que se fueron alternando pero nunca resolvieron el problema de fondo.

El 2018 nos sirvió a los argentinos para ratificar, en forma definitiva, que esas “soluciones” no solucionan. Para dejar atrás tantas décadas de estancamiento y crisis cíclicas, HAY QUE HACER ALGO DISTINTO.



Propongo trabajar en estos tres ejes:

- El primero y más básico es ELIMINAR DEFINITIVAMENTE EL DEFICIT FISCAL. No porque lo sugiera el FMI o lo aconsejen los manuales de economía, sino porque es el punto de partida de cualquier mejora. Cualquiera que administre un hogar o una empresa sabe que no puede gastar más de lo que le ingresa. Todos los candidatos deben comprometerse con esta meta. Tiene que ser una POLÍTICA DE ESTADO.

- El segundo y más obvio, pasa por un AUMENTO SUSTANCIAL DE NUESTRAS EXPORTACIONES, para aumentar el ingreso de dólares genuinos en nuestra economía. Por supuesto no basta con desearlo para que sea realidad, pero analizando a nuestros países vecinos, vemos que la mayoría duplicó sus exportaciones en los últimos quince años, mientras que las nuestras crecieron apenas un 30%. Sin un fuerte aumento de las exportaciones, nunca encontraremos soluciones para los problemas que aquejan a nuestra sociedad. Ojalá todos los candidatos se muestren obsesionados con este objetivo.

- El tercero es la necesidad de TERMINAR CON LOS FALSOS DEBATES que durante décadas desviaron nuestra atención y nos llevaron a tomar decisiones erróneas, tales como "Campo vs. Industria”, “Mercado interno vs. Mercado externo", o "Empresas chicas vs. Empresas grandes". Estas dicotomías son falsas e improductivas. Debemos entender que todos estos binomios son complementarios, y no sólo pueden sino que DEBEN desarrollarse en forma conjunta. Todos los países exitosos tienen un fuerte mercado interno Y al mismo tiempo un fuerte sesgo exportador. Muchos de ellos exportan por valores equivalentes al 30% de su PBI, y nosotros un 10%. Si abandonamos los debates estériles, tenemos muchísimo para crecer.

Para salir de esta trampa estructural es fundamental que en 2019 aprendamos de lo ocurrido en el año que pasó y nos dispongamos a un verdadero cambio de era.

Ojalá todos los candidatos incluyan estos objetivos en sus agendas, y estén dispuestos a trabajar en la definición de planes estratégicos que permitan alcanzarlos, consensuados con todos los sectores. En este sentido, creo que los empresarios industriales tenemos un rol central para cumplir.

Por Martín Rappallini
Presidente de la Unión Industrial de la Provincia de Buenos Aires; Presidente de la Comisión PyMI, Desarrollo Regional y Transporte de la UIA; y Titular del Polo Industrial Ezeiza.

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