Norte en Línea - Asados perfectos con chinchulines

Asados perfectos con chinchulines

Asados perfectos con chinchulines
09 Abr
2021

La palabra achura es de origen araucano, achuraj, “que es lo que no sirve y se tira”… O sea, aquello que los indios despreciaban fue adoptado con gran ímpetu por los descendientes de los conquistadores e inmigrantes. Tal el caso de los chinchulines (que gustan bien tostados).

Muy usados en los asados de la Argentina, y prácticamente toda América, el chinchulín (rey de las achuras) es el intestino delgado de la vaca y es muy sabroso con salsa chimichurri.


En primer lugar se le quita parte de la grasa a los chinchulines y los cortamos de a 10 cm de largo. Luego los ponemos a hervir (para tiernizarlos) en una olla con leche durante 60 minutos. Los retiramos y dejamos enfriar para luego pincelarlos con aceite de oliva. Se rocían con jugo de limón. Los llevamos a la parrilla y doramos de ambos lados.


Retiramos y se sirven con la ralladura de limón, la sal y la pimienta negra molida


Los chinchulines se pueden poner directamente en la parrilla, como vienen de la carnicería, y se los asan con un fuego bajo. A medida que se van cocinando, se doran y, de esta manera, como no hay saturación de grasas, no caen mal y producen menos colesterol. Para que no salgan ni brillosos, ni negros, hay que tener paciencia en la cocción.


Tips de la parrilla…
-Colocamos sobre la parrilla a lo largo o como chinchulines trenzados y hay quienes los cortan formando una especie de círculos.
-Las brasas a temperatura media alta (7 segundos aproximadamente debe soportar nuestra mano) y los colocamos sobre la parrilla.
-Como tiempo de cocción va a ser de unos 30 a 40 minutos por lado para lograr un dorado perfecto.
-Durante la cocción, se pueden ir rociando con jugo de limón para darles más sabor.
-Poner sal al final, para que no se deshidraten durante la cocción y queden muy secos. Recién se le agrega cuando los retiremos de la parrilla.


Retiramos y servimos junto a las demás achuras, o sea chorizos, morcillas, riñones y mollejas.


Por Claudio Valerio

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