Norte en Línea - En Diálogo con Longobardi, Fernando del Rincón, periodista de CNN
Imprimir esta página

En Diálogo con Longobardi, Fernando del Rincón, periodista de CNN

En Diálogo con Longobardi, Fernando del Rincón, periodista de CNN
06 Abr
2020

“Estos populistas que hay hoy en día en los Estados Unidos y en muchos otros lados lo que hacen es exaltar a la gente con divisiones pero no están solucionándoles la vida”.

El periodista mexicano Fernando del Rincón, conductor de Conclusiones, cumple 10 años en CNN. Con coberturas como el tsunami en Japón, En Diálogo con Longobardi, analiza el rol del periodismo y las audiencias como receptoras, cuenta su experiencia en el terremoto de México, cómo contrajo el dengue y su vivencia al convertirse en ciudadano de los Estados Unidos.

Acerca del periodismo y cuál es el sentido de este oficio para él:
“Le encontré sentido a mi vida y a lo que hago cuando me di cuenta que podía civilizar problemáticas de otros países a través de una señal internacional como CNN. Entendí el impacto que puede generar o la forma de crear conciencia para que organismos internacionales que nunca hacen nada por lo menos se manifiesten. Siguen sin hacer nada pero se manifiestan al menos respecto al tema. Darme cuenta que hay voces que quedan enterradas por muchos años y que pueden tener un espacio para ser escuchadas me dio un poco de sentido, porque hay momentos que no encontramos cuál es nuestro oficio y dices: estoy vagando por este planeta ¿haciendo qué?”.

Cómo es ser hoy mexicano en los Estados Unidos:
“Es duro, es difícil, desde las dos perspectivas. Desde el inmigrante, que vive en un país hoy exacerbado por un presidente que exalta el supremacismo blanco y el racismo, nos convierte en objetivos. Miami es una ciudad que no lo sientes tanto, pero no me imagino que viviendo en Arkansas, en Illinois, muchos paisanos que desgraciadamente tienen que aguantar este maltrato, este racismo que ha sido exaltado por este presidente. Pero al mismo tiempo en México, el mexicano, somos muy excluyentes. Cuando tú llevas mucho tiempo en el extranjero dejas de ser de ellos y ya no te ven con muy buenos ojos. ¿De qué hablas, tú por qué hablar de tu país si no estás aquí? Y te empiezan a excluir de la vida nacional. Me parece que es un error gravísimo. Pero entonces entras en una especie de limbo, porque no soy de aquí ni soy de allá. A mí me pasa. Tengo que confesar que cuando tomé el juramento para la ciudadanía tenía un conflicto de personalidad, un conflicto de identidad terrible. Sentía que estaba traicionando mi bandera, pero al mismo tiempo tenía la necesidad de convertirme en ciudadano porque mi vida estaba aquí. Desde 2001, el sábado siguiente al 911 yo estaba aquí, en Estados Unidos. La necesidad me llevó a ser un ciudadano estadounidense. Respeto, obviamente, y agradezco al país, pero hubo un momento que no estaba seguro de si quería serlo. Sentía que traicionaba a mi país y mi identidad nacional, mi padre es muy nacionalista y eso me causó mucho conflicto. Finalmente entendí que soy ciudadano del mundo, me quité ese trauma de encima. Cuanto te empiezas a dar cuenta que toda Latinoamérica padece de los mismos males, cuando terminas en Japón haciendo una cobertura, dices es que no soy de ningún lado, soy del continente, soy del mundo. Entonces amplías tu visión.”

El periodismo, lo verosímil y lo verdadero:
“Desgraciadamente desde los mismos gobiernos se empuja esta confusión para las audiencias. Hay mentiras que las puedes creer. Hay laboratorios para la opinión pública que los tienen los gobiernos, y crear una tendencia y una matriz de opinión. Y el verosímil la gente acaba comprándolo como una verdad. Y nosotros mostramos verdad y no nos la compran porque tuvo más peso esa versión verosímil que al final de cuentas es una mentira disfrazada. Nosotros no podemos tampoco solucionar el mundo si el mundo no quiere ser solucionado. ¿A qué me refiero? La gente no puede permanecer inculta, la gente no puede permanecer comprando esas mentiras. Nosotros hacemos nuestro trabajo. Quién lo va a aprovechar y desaprovechar es decisión de quien nos está viendo. Y aquí la gente tiene que entender que hay una responsabilidad de su parte y que hay una irresponsabilidad al no asegurarse de que les están dando la verdad o que les están vendiendo un cuento que es creíble, que es verosímil, pero que no es la verdad. Entonces si la audiencia, si la gente, si el pueblo no hace su trabajo, pues nosotros no podemos hacer más. No es nuestra obligación, no somos educadores. Son intereses políticos. A la gente le pregunto: ¿ustedes no se dan cuenta cuando los están usando? Y siempre les he dicho: ¿Por qué le dan tanto poder a un político, al grado de llegar a matar a otro connacional por un político? Un político que ni siquiera les va a resolver la vida. Estos políticos latinoamericanos, estos populistas que hay hoy en día en los Estados Unidos y en muchos otros lados lo que hacen es exaltar a la gente con divisiones, con odio, con revanchismo, pero no están solucionándoles la vida. La gente se olvida de reclamarles la solución por formar parte de esa revancha.”

Acerca de los líderes mundiales y los cambios:
“En Latinoamérica, desde mi perspectiva, estamos siempre en la misma, solamente cambian los actores. Si es la derecha o es la izquierda, Latinoamérica sigue sin poder avanzar, sin poder evolucionar, con índices altísimos de pobreza, falta de educación, falta de acceso a la salud, corrupción. Seguimos con los mismos males en todos lados, no importa el gobierno que está de turno, no importa si es derecha, izquierda, centro: seguimos en lo mismo, no hemos evolucionado, tristemente. Pero sí creo que a nivel global hay mucho peligro en esta época a diferencia, tal vez, de cuando yo era un adolescente. Tienes a un Donald Trump que no sabes cómo va a reaccionar ni que decisiones va a tomar, si te va a poner al borde de una guerra con Irán. Tenemos a un bloque tan duro como China- Rusia apoyando a un Nicolás Maduro que tiene vinculación también con grupos terroristas Hezbollah. Es decir, se está empezando a crear dos o tres bandos globales muy peligrosos porque ya no es un tema de ideologías nada más, es un tema también de tráfico de armas desde la cúpula: el tráfico de armas ha existido siempre. Pero cuando ya los Estados, los regímenes, empiezan a participar de eso, del narcotráfico, del tráfico de armas, del terrorismo internacional, la cosa es muy diferente. Y está entrando a Latinoamérica. Y esto los pone a los latinoamericanos en un escenario que no conocemos, que no tenemos idea de cómo enfrentarlo. Que las guerras asimétricas para nosotros son cosas de otro planeta, que ni nuestros gobiernos ni nosotros como población podemos entender. Y estas células, que ya hay en diferentes partes de Latinoamérica, empiezan entonces a darnos la alerta de que si no atendemos esto, si no lo globalizamos como sociedad, no vamos a poder hacer frente a lo que trae esta nueva era.”

Su cobertura del tsunami de Japón:
“Fue muy retadora, todo se dio muy rápido y yo llegué a un país donde ni siquiera podía leer los letreros y las señalizaciones para saber cómo tomar un taxi y dónde tomarlo, donde no podía hablar el idioma.Muy duro. Llegando, no tenía dinero, todo estaba en japonés. Tuve que pedirle a un muchacho que hablaba un poco de inglés, de California, japonés. Confié en él y le dije: ten mi tarjeta y saca dinero, por favor, porque no entiendo nada. Esa fue mi primera realidad. Y ese mismo muchacho me llevó en el metro hasta la parada donde tenía que bajarme para poder llegar al bureau. Desde ahí estaba desarmado completamente cuando no podía comunicarme, ya te resta un poco de seguridad, ¿cómo me voy a comunicar con esa gente? Al final de cuentas cuando estás con el equipo y el traductor ya está. Las réplicas eran tan frecuentes que no podíamos dormir, cada vez que ibas a acostarte empezaba a temblar. El cambio horario, cuando mientras era de noche acá era de día allá y yo estaba reportando en vivo, y a la noche tenía que desplazarme, así que dormíamos muy poco. Por las réplicas dejamos de dormir, era invierno, hacía un frío espantoso. Y cuando Fukushima ya reporta una falla, hay una nube radiactiva de hecho, y nuestra cobertura empieza a verse deprimida por el desplazamiento de la nube radiactiva para nosotros alejarnos de ella. Entonces todos los días veíamos el mapa, había información de las autoridades para decir hacia donde se estaba desplazando y nosotros buscábamos el sentido contrario en el desplazamiento. Lo que nos llevó hasta una población costera que es el punto donde entró la parte más alta de la ola del tsunami, una población de la que desaparecieron alrededor de 10 mil personas. Una noticia que nadie me creía cuando la estaba reportando. Hasta que logré hablar con un militar que hablaba japonés y español porque había estado basado en Guatemala, era un alto rango, y ahí mismo me confirma que habían desaparecido más de 10 mil personas solo ahí.”

Su cobertura del terremoto en México en 2019:
“Muy doloroso ver como una vez más las autoridades mexicanas fallaban en el apoyo a la gente, la tragedia, el drama, el terror de la gente que padecía eso. Estuvimos en uno de los edificios que no estaba teniendo mayor cobertura porque había dos edificios donde toda la prensa estaba apostada. Yo decidí irme a otro edificio donde estaban tratando de rescatar gente. Estuvimos alrededor de seis horas viendo como llegaban los voluntarios, sacaban escombros, lograban rescatar a dos personas. Y había un caso particular de un muchacho y su esposo estaba esperando que sacaran a su madre que aun estaba viva y hablaba. Y al final, no lograron rescatarla con vida. Me erizo todavía, no se me olvida el momento, porque nunca he visto un militar mexicano llorando, solo es día. Cuando al muchacho le dan la noticia, antes de quebrarse, tiene (no sé cómo) la capacidad de darle las gracias a todos los voluntarios que intentaron rescatar a su madre. Después de eso, es que empieza a llorar, y los militares de rango que estaban atrás, un alto rango, yo lo miro y veo que le empieza a correr la lágrima. Y en ese momento todos empiezan a entonar el Himno Nacional Mexicano. Eso es algo que nunca se me va a olvidar. Me impregné de todo. Fue muy doloroso pero me impregné de los olores, de la temperatura, de los sonidos, de esta sensación de vacío para un hijo que se le va la madre con la que había estado hablando media hora antes. Él hablaba con la madre a través de los escombros. Y ese mismo orgullo, esa unión que se logró en ese momento entre todas estas fuerzas: militares, voluntarios, civiles. Un terremoto huele a muerte. Estuve en Haití también. Y el olor a muerto es como un tatuaje, nunca se olvida. Cuando caminas por los escombros de un terremoto muchos muertos no se ven y están abajo. Y lo que logras atinar es el olor. Huele a humedad, huele a muerte, huele a todo lo contrario a lo que es vida.”

¿Cómo contrajo dengue Fernando del Rincón?
“En Chiapas yo viví en las peores condiciones. Mi papá me dijo tu te quieres quedar, te quedas con lo que viniste al mundo. Y yo dije me quedo. No tenía donde quedarme, vivía en un cuarto de azotea que me prestaba la familia de mi novia en ese momento. Pero era un cuarto de azotea donde tú podías bañarte, hacer tus necesidades y lavarte los dientes al mismo tiempo del tamaño del baño. Yo tenía una regadera y el agua te caía encima mientras estaba sentado en el inodoro y al lado tenías el lavabo. Y en ese cuarto de azotea me enfermo. Me empiezo a sentir muy mal una tarde, llego a mi cuarto de azotea que tenía un colchón donde dormía y me empieza a dar fiebre, me empiezo a sentir muy mal, me dolía horrible la cabeza, y empiezo a delirar, con una temperatura muy alta. Estaba solo, me acuerdo de mi cabeza, de que me visitaba mi mamá. Cuando logré tomar conciencia, al inicio, me preguntaba si vino mi mamá, que estaba a miles de kilómetros de distancia. Después me voy a negros. Cuando me despierto me encuentro a un amigo de la universidad, la primera cara que veo, que estaba encima de mí y me dice: <Estás malísimo, tienes dengue, tenemos que llevarte al hospital, tenemos que ver un médico.>. Y es cuando ya realmente me diagnostican, pero habían pasado ya dos días. Estuve dos días tirado ahí con fiebre altísima.”

Etiquetado como