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Diego Peretti, En Diálogo con Longobardi

Diego Peretti, En Diálogo con Longobardi Crédito de En Diálogo con Longobardi/CNN En Español
27 Ene
2020

“Creo que Damián Szifron tiene algo en la cabeza para volver a hacer Los Simuladores”.

A días del estreno de “El Robo del Siglo”, Diego Peretti fue el entrevistado de En Diálogo con Longobardi. Médico y multipremiado actor.


Acerca de las migraciones y los problemas que conllevan en la actualidad:
“Yo cuando era chico y sentía por televisión discusiones por las diferencias de una raza o la otra… El chico tiene la inocencia de un chico. Yo consideraba muy tontas las peleas y escuchaba de mis padres algo tan normal: somos todos iguales. Claro que somos todos iguales. El hombre tiene, como lo que Freud llamaba tanatos, un instinto además del amor de destrucción natural, o de posesión natural o animal, porque sino no se entiende que las discusiones que tendrían que ir por otro lado, estemos en eso. John Lennon decía que si creyéramos que vivir en paz es mejor que la guerra, no tendríamos guerra. El problema, y no sé si soy grande o veo la época de manera muy realista, siento que el camino que vamos teniendo no es el indicado.”

Sobre su conexión familiar con el Papa Sixto V:
“Era muy malo y se descargaba contra la pequeña corruptela y ahorcaba a un empleado que se había robado un racimo de uva pero a las grandes corrupciones no les hacía nada. Tengo este antepasado directo. Me pareció desopilante cuando me enteré. Felice Peretti fue Papa durante cinco años y Nostradamus lo predijo. En Nostradamus está que se encuentra con su pastor, con su rebaño chiquito y joven, Felix o Felice Peretti y le dice que va a ser la voz de Dios o algo. Es una historia. Y mi hermano es muy parecido y cuando me mostraron la foto. Eso fue un estudio genealógico que hizo la familia Peretti de principios del siglo pasado, que se contactó con la familia Peretti de mis abuelos. La otra familia Peretti tenía mucha plata y le pidió para el estudio genealógico para ver cuál de los dos troncos familiares era el directo. Ferroquina Peretti, que sigue estando, yo tengo una botella. Mucha plata. Entonces le pide permiso a mi abuelo paterno de hacer este estudio genealógico, querían ver cuál era el lazo directo. Entonces se ponen en gastos, hacen ese estudio, que lo tenía mi tía la hermana de mi papá y ahora lo tiene mi hermano, y sale que soy línea directa.”


Acerca de formación como psiquiatra y cómo aprendió que los relatos no deben ser cerrados:
“Terminás la facultad de medicina y sos médico generalista, clínico. Y después parte la especialización. Y yo ahí ya empecé a cambiar el foco, porque la psiquiatría es la única especialidad, casi, que no tiene los paradigmas médicos orgánicos. Ahí hay un terreno del que el mundo, e incluso la psiquiatría, sabe poco y la medicina llega hasta un límite. Después no puede seguir con sus leyes. Siempre son clínicas o quirúrgicas las grandes especialidades, el paciente como una materia de estudio, sujeto u objeto de estudio, pero siempre dentro de las leyes de cierto materialismo científico con la que la psiquiatría patina. Hice la residencia de psiquiatría después de un examen en el Hospital Escuela San Martín Castex y te vas formando en la medida que vas asistiendo. Es una profesión dura desde el punto de vista humano. Aprendí algo. Yo estaba con psicólogos, cuya formación es psicoanalítica fundamentalmente, que es un discurso completamente distinto al orgánico o al biológico. Es un pensamiento diferente al psiquiátrico médico. Y teníamos los pacientes que eran a los que teníamos que ayudar a curar. Los dos discursos se ponían de acuerdo en la cura de ese paciente, se enfocaban ahí y despejaban todo lo que tenga que ver con las diferencias ideológicas del pensamiento que pudieran obstaculizar la curación. Y eso a mí me enseñó enseguida, la vida general, a cómo saber escuchar, trabajar en equipo y saber que los discursos, los relatos, no deben ser cerrados. En la política falta sentido común y los pensamientos, por inseguridad, se cierran”

Acerca de su paso de la medicina, los mandatos, a la actuación:
“Cuando estaba haciendo Medicina, estaba cursando Obstetricia, fue bravo: me di cuenta que no me gustaba la carrera, ninguna especialidad. Había cursado Pediatría, Neurocirugía, Farmacología, Traumatología: libros muy grandes y no me gustaba. Ahí empecé a hacer el trabajo retrospectivo de por qué estaba en un lugar en el que tenía que sacrificarme tanto y estaba ausente el deseo, como una disociación muy amarga, sobre todo para la juventud. Cuando me doy cuenta de que estoy en un lugar con tanto sacrificio y que no está puesto el deseo, la pregunta medianamente inteligente es ¿qué pasó? Porque tampoco tenía 70 años, tenía 26. Y me doy cuenta de que es un mandato y que el mandato cultural tiene que ver con preguntas que te hacen de chico, contestaciones que vos al no estar conformada la personalidad decís en base a lo que quieren escuchar. Una vez que te colocás ese carné lo seguís repitiendo porque gusta, es como una filtración cultural clara. Nadie tiene la culpa, <mi hijo el doctor> está presente. Me di cuenta de eso paralelamente a preguntarme qué es lo que me interesa verdaderamente. Tampoco lo sabía contestar racionalmente, sí con las acciones que hacía. Por ejemplo, iba a ver siete veces una misma película que me gustaba para no tener que leer los cartelitos y poder ver exactamente la gestualidad o la verdad de determinado actor, que en esa época eran todos <hijos de Brando>: De Niro, Al Pacino. Y acá todos los grande actores de La Patagonia Rebelde, No Habrá Más Penas Ni Olvido: Alterio, Renán; Alfredo Alcón y Tato Pavlovsky en teatro; las actuaciones de Luppi en cine, el clan Estivel, el realismo psicológico. Todo eso era un mundo al que yo tangencialmente iba cuando tenía momentos libres en el estudio. Entones digo: ¿por qué el sacrificio, por qué no seguir lo que tengo ganas? Entonces hice una solución de compromiso con mis viejos, seguí estudiando Medicina, terminé Medicina y varié a Psiquiatría. <A los locos, ¿te gusta eso?>. Y yo resistía, porque yo los amo, los amé a mis viejos y los tengo en el recuerdo. Porque hay que tener también libertad ahí. Te pueden ver como extraño en la elección pero nunca imponen autoritariamente. Se filtra la cultura, se filtra el deseo de la generación de los inmigrantes, todo ese peso está, pero también está la sabiduría de saber que hay que dejar volar. Yo la solución de compromiso que tuve con ellos es: <bueno, yo sigo, pero empiezo a estudiar teatro>.”

El abandono de la medicina y qué tuvo que ver Adrián Suar:
“Empecé a hacer ‘Zona Riesgo’ siempre, porque hacía obras de teatro independiente y me elegían: se ve que funcionaba. Un día yo estaba haciendo la residencia y me piden hacer un piloto de ‘Poliladron’, porque el chueco me había visto en una obra de teatro que había hecho en el Bauen con Fernán Mirás. Después de su éxito de Tango Feroz hizo una obra de teatro, por casting quedé. La fue a ver el chueco, el chueco hace un piloto y dice: <quiero a ese chico como el Tarta>. Y ahí ya está el sostén profesional, armo un contrato con la productora de Adrián que me da todo. Me dice: <vos seguí haciendo Medicina>, yo ya estaba post residencia, estaba atendiendo pacientes en un programa de Prevención de Salud Mental en Florencio Varela, dependiente de la UBA. Me dice: te damos todo. Y le digo; mirá que termino a las tres de la tarde. <Va un auto y te lleva a Ciudadela>. Poliladron se filmaba 24 horas por día, era una productora independiente que estaba remando en dulce de leche. Y bueno, es ahí que le digo a Adrián: <¿Vas a hacer un segundo año de Poliladron?>. Y entonces pido licencia sin goce de sueldo, me tomo seis meses para derivar los pacientes que tengo y con la cabeza digo: licencia, vamos a ver. Hay un proceso de sinceridad con uno mismo muy grande y mucha tranquilidad. La gente a veces no sabe que el conflicto pasa porque está haciendo algo que no le gusta. La vara a veces del destino está tan baja que con solo tener un trabajo que te lleve plata para llegar a fin de mes, ya te metés ahí y pasan 25 años. Entonces es medio un drama grande eso. Yo digo: es mejor que la gente se haga esa pregunta y que si tiene que vivir con ese gris, que lo viva sabiendo que está ese gris antes que no desplegarlo.”


Sobre “El Robo del Siglo”:
“Es un hecho delictivo, sus autores fueron apresados salvo uno, creo. Pagaron las culpas en la cárcel según la Justicia. Hay algo del hecho delictivo que un poco, si me cabe la palabra, lo redime. Y es el hecho de ser un plan pensado para que no haya ni vuele un solo disparo. Y para eso hay inteligencia, hay una inteligencia especial, hay lucidez, hay creatividad también. Yo con Fernando Araujo, que es el que yo interpreto, muchas veces le dije: <esa creatividad y esa sabiduría el día que la pongas en un hecho productivo>, y él obviamente tiene presente eso. Él intervino en la película, la película se basa en el libro de Palacios que investiga el hecho, que se llama ‘Ni Armas Ni Rencores’, que es una charla con él en la prisión. Y todo lo que ves en la película de la planificación está en el libro. La película es real. Es un robo de película. No hubo que investigar mucho, ponerse a tirar ideas sobre cómo hacen para salir de acá, todo estaba. La previsión del plan es excelente. Araujo es un artista plástico, tiene plantación de marihuana y estaba escribiendo un hijo que ya tenía 3000 hojas sobre los beneficios de la marihuana que se cortó por esta idea que le aparece. Tiene un psicólogo con una historia. Ve desplazarse un objeto de una alcantarilla y en ese estado de no pensar en las cosas que te preocupan siguió algo hacia una alcantarilla, ve que va hacia otra 20 metros y eso desemboca en el desagüe fluvial que hay en el río. Se mete y se mete y llega a lo que considera que estaba abajo del banco. Yo hablando con él, con los guionistas, con Ariel Winograd, creo que es una idea que se le impone como lúcida, brillante. Lamentablemente está afuera de la ley, pero siento que tiene una pulsión para decir: esto está para hacerlo. Vuelvo a repetir: es un hecho delictivo y hubo gente dañada. Pero si hay alguna forma de que la balanza se incline un poco es así, con este tipo de plan.”

Su mirada sobre el personaje Araujo como psiquiatra:
“Yo no lo quiero engrandecer mucho, me parece que lo que hizo… O sea, cuando entran con el caballo de Troya, rompen todo, tiene una estrategia militar brillante. Como robo en sí, este es uno de los cinco robos más importantes del mundo. Entonces, violar o quebrar los sistemas de seguridad tan avanzados desde un lugar tan artesanal me parece que está cerca de la brillantez. Sun Tzu está entre sus notas: la fuerza del enemigo para utilizarla a favor. Utilizó bibliografías en el plan tan claramente y que utiliza también para gestionar un grupo de personas que eran ladrones- ladrones, y que él los tenía que conducir a ese lugar. Eso es un poder de convicción y de gestión, además, también muy grande. Me da la sensación que buscaba algo más. Logró hacer algo que quería demostrar en su fuero interno: cierta satisfacción, pero no por el botín: satisfacción por la obra realizada. Lamentablemente está dentro de lo ilegal, pero la conjunción en pos de una idea que es buena, la conjunción grupal en donde todas las energías limpias confluyan para un objetivo, eso está presente, porque la idea era brillante. Y cuando se da eso en el deporte, en el arte, en el periodismo, se da lo grupal bien armado, llega a lugares”

Acerca de Guillermo Francella:
“Fue mi primera experiencia, es un actor brillante. Siempre le digo a él que tiene una mirada, o una forma de actuar, que para el que actúa con él y quiere actuar bien, es como estar con un Messi, con un Maradona. Porque él tiene una mirada y tiene una llegada que no son dos canales nada más. Él tiene una picardía tan a flor de piel que te está diciendo un montón de cosas al mismo tiempo. Entonces vos podés agarrar, tirarle la pelota, él la recoge, te tira la pelota y es verdad lo que está ocurriendo entre los dos. Y eso está muy bueno para trabajar.”


Por qué dijo que el teatro es una exposición fulminante:
“Brutal. Yo, hasta hace diez años atrás, vomitaba antes. Ya tengo casi treinta. Hasta hace diez tenía arcadas antes de salir a escena, de cada función. Considero que es una exposición fulminante, no es grave, no es dramática. SI te sale mal no se muere nadie. No es como cuando yo atendía que la salud de una persona depende de tu formación, tu inteligencia, tu responsabilidad. No. Acá no pasa nada. Sin embargo, el miedo que uno siente es una exposición porque vos está de cuerpo y alma figurándote que sos un personaje pero la gente, la energía de la gente que te ve todo. Los siento, no los veo, yo decido no ver. Hay muchos actores que no pueden no ver. Para mi tiene que ser la cuarta pared. Ahora estoy aprendiendo, dejé de vomitar, de tener arcadas y estoy pudiendo jugar el partido y pasándola bien. Antes estaba atento a que el siguiente texto lo dijera creíblemente. Ahora tengo una visión panorámica del personaje y la obra que estoy haciendo, entonces puedo opinar mientras interpreto. El ataque de pánico surge inmediato, tenés una sensación de muerte y no sabés si es un infarto. No, yo era porque me iba a subir ahí arriba y subirse ahí arriba es tirarse sin red al ridículo. Y el actor tiene que aprender a vivir con lo ridículo. Si yo tengo miedo la interpretación no sale y no puedo tener la visión panorámica. Tendré algún problema en el escenario, trataré de solucionarlo humanamente porque somos actores, no es una holografía. Lo dicen tantos esto de vencer el miedo, el ridículo: son primos hermanos. Vamos a andar juntos. Eso es lo que aprendí con el oficio. Y eso te ayuda, no sé si a ser mejor actor pero sí a sentir que te expresás más libremente,”


¿Llegarán “Los Simuladores” al cine?
“Es un programa extraordinario, es una serie de aventuras y creo y a la distancia lo digo que es lo mejor que hizo nuestra televisión en el género de aventuras. El pacto que tenemos es hacerlo si estamos todos, los cinco: los cuatro simuladores y Damián Szifron como director y autor, en el cine. Si me preguntás yo creo que Damián tiene algo en la cabeza, creo que es un artista tan demandado mundialmente, no localmente, que en su agenda no sé en qué año estaremos. Pero yo creo que si él prende el motor tiene un guion ya en su cabeza y lo único que tiene que hacer es dárnoslo y nosotros ponernos de acuerdo en la agenda. Pero ese guion, esa historia, no está todavía. Entonces es como etéreo hablar de eso. Es el mismo género que ‘El Robo del Siglo’, sobre todo porque ‘Los Simuladores’ también eran ilegales pero hacían justicia propia, eran anarcos de derecha decía Damián Szifron. Acá la justicia que realizan es una justicia muy propia.”

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