Homilía Fiesta Diocesana del Cuerpo y la Sangre del Señor 2017 Destacado

Homilía Fiesta Diocesana del Cuerpo y la Sangre del Señor 2017
19 Jun
2017

Monseñor Oscar Ojea

Queridas comunidades de la Diócesis, queridos hermanos, Jorge, Martín, Jorge Eduardo quién ha sido electo Obispo auxiliar de Mercedes-Luján. Queridos sacerdotes y diáconos: “Memoria agradecida, esperanza comprometida”, es el lema de este cumpleaños de nuestra Diócesis.
Memoria agradecida: El agradecimiento es propio del pobre, la acción de gracias es propia del pobre. El pobre tiene mayor conciencia del don que el rico; el pobre sabe que lo que tiene, lo ha tenido que pedir, implorar, suplicar; sabe que no es suyo, que es don. Al rico le cuesta más; rápidamente nos sentimos dueños de lo que recibimos, pensando que lo recibimos porque lo merecemos y hemos hecho méritos para ello.

Jesús nos enseña a agradecer: “Yo te alabo Padre -la oración de Jesús-, yo te alabo Padre, todo me ha sido dado”, dice Jesús, igual que la Virgen: “El Señor miró con bondad mi pequeñez”.

Esta memoria agradecida es de tantos bienes recibidos en estos sesenta años en nuestras comunidades. Es de las personas que hemos conocido; los ejemplos de trabajo y de servicio que hemos recibido a lo largo de toda esta historia y a lo largo de este tiempo. Todo esto tiene que encontrar un espacio en la memoria y es propio de la oración: La oración es un espacio para la memoria.

San Juan Pablo II decía que la oración es el espacio más sencillo en el cual se rebela el amor paternal y creador de Dios para con el hombre. “Dios nos recuerda”, decía el Papa, “no tanto la memoria que de Dios puede hacer el hombre, sino la memoria que va haciendo Dios de nosotros cuando rezamos”.
Dios conoce nuestra propia historia: Cuando nos ponemos en oración, él conoce hasta la médula todo lo que nos ha pasado y lo hace desde nuestra raíz. La oración es dejar que el Señor haga memoria de nuestra vida, de nuestros límites, de todo lo que hemos recibido.

En la Sagrada Escritura, en el Salmo 8, el salmista para alabar a Dios, recurre a los labios de los niños y pequeños, como si apoyándose en la alabanza de los niños, la alabanza pudiera ser mejor, porque los niños conservan su capacidad de admiración y de sorpresa.

Para dar gracias tenemos que detenernos y aprender a contemplar. Dar gracias es propio del que mastica la vida, del que la disfruta, no del que la traga simplemente, como si todo fuera igual o porque todo tiene que ser así. A veces estamos como mecanizados y creemos que todo es fruto de la técnica o de lo que nosotros vamos logrando a través de nuestra propia industria.

Somos don de Dios, lo que recibimos es don de Dios, desde la fe hasta el último don. Eso está reflejado en lo que muchas comunidades han traído de recuerdos de esta historia. Son como jalones de personas que han intervenido en las historias de nuestras comunidades y por todo eso damos gracias.
Queremos llevarlo y ponerlo en la Eucaristía que es memorial. La Eucaristía es memorial porque nosotros tenemos mala memoria, entonces Jesús quiso recordarnos cada día lo que significa el acto de amor más grande del cual nosotros somos fruto.

El Señor que hace memoria de nosotros y de nuestra historia en cada Eucaristía quiere decirnos: “Acordate, hace esto en memoria mía; que te quede grabado en la memoria, como para los judíos el recuerdo continuo de la Pascua, de la liberación; como la oración del Shemá.

Cómo el recuerdo continuo y la invitación de Dios a Israel a no tener mala memoria, a hacer presente el amor, a hacer presente la acción de gracias por el don.

La Eucaristía es acción de gracias y nosotros venimos hoy a eso. Adorando al Señor damos gracias, como los pobres, por todo lo que hemos recibido en las comunidades.

Memoria agradecida, esperanza comprometida: estos dones nos comprometen más a la misión de la Iglesia, a la transformación misionera de la Iglesia de la que nos habla el Papa Francisco en la “Alegría del Evangelio”. Nos compromete a pensar como estamos llevando el Evangelio en nuestras comunidades, para que todos estén incluidos en los dones de Dios y en el tesoro de la fe.

¿Cómo estamos haciendo nuestra acción preferencial por los pobres en cada comunidad?
Para que el Señor nos ilumine, ofreciendo la memoria agradecida, vamos a peregrinar a Luján el 21 de agosto, como Diócesis, para poner a los pies de la Virgen este trabajo que haremos en las comunidades de revisar nuestra vida misionera y revisar nuestro servicio a los pobres.

Escuchamos en la Alegría del Evangelio la invitación del papa Francisco, a estos dos exámenes de conciencia; en el número 49 dice el Papa: “Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo. Repito aquí para toda la Iglesia lo que muchas veces he dicho a los sacerdotes y laicos de Buenos Aires: prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida. Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: «¡Dadles vosotros de comer!» (Mc 6,37).

Que podamos revisar a la luz del Magisterio de la Iglesia nuestra vida misionera, la vida misionera de nuestras comunidades.

Y luego, algo que ha sido tan propio de lo que hemos recibido en nuestra Diócesis, esta opción preferencial por los pobres, dice en el número 48 de la Alegría del Evangelio: “Si la Iglesia entera asume este dinamismo misionero, debe llegar a todos, sin excepciones. Pero ¿a quiénes debería privilegiar? Cuando uno lee el Evangelio, se encuentra con una orientación contundente: no tanto a los amigos y vecinos ricos sino sobre todo a los pobres y enfermos, a esos que suelen ser despreciados y olvidados, a aquellos que «no tienen con qué recompensarte» (Lc 14,14). No deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro. Hoy y siempre, «los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio», y la evangelización dirigida gratuitamente a ellos es signo del Reino que Jesús vino a traer. Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. No los dejemos solos”.

Nuestra reflexión va a ser un examinar cómo las comunidades vivimos esta transformación misionera de la Iglesia, a la que somos invitados, y esta opción preferencial por los pobres.

Pidámosle a Jesús Eucaristía, que podamos hacer bien este examen para después ponerlo en comunión cuando hagamos la Asamblea el año que viene. Queremos poner en comunión las reflexiones de todas las comunidades de la Diócesis para estar a la altura de la responsabilidad de que todos tenemos y que hemos recibido.

Que la memoria agradecida entonces, sea, esperanza comprometida para todos nosotros.

Que el Señor así nos lo conceda.

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